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1977 - Personajes

Cara A

Portada Personajes1.- Cintas amarillas (Laura)
2.- Mi hermano venía conmigo
3.- El espantapájaros
4.- El tonto del pueblo
5.- Abuela lavandera
6.- Al compañero

Cara B

1.- Drugstore
2.- Los hipócritas
3.- El actor
4.- El viejo
5.- El loco de la vía

Prólogo por Rafael Amor

Contraportada PersonajesDe vez en cuando, cuando la nostalgia deja caer sobre el alma su llovizna, y abrimos la maletita marrón donde guardamos los recuerdos más afectivos, esa maletita ajada y atada con una cuerda, donde vive nuestra niñez, la adolescencia peinada con gomina, y nos sonríe la transparencia de esos años desde algunas fotos amarillas, los que amamos y se han ido, los que están y se divierten con tristeza descubriendo alguna arruga menos en la cara, allí entre las cintas desteñidas de algún cumpleaños de la infancia, los primeros cuadernos… en un segundo vuelven las risas, las caricias, los silencios, vuelve a pasar la vida, como una película en colores, desde el sepia de las horas más lejanas, al azul más intenso y más vívido, como si vivir fuera apilar recuerdos, como una serie interminable de retratos a los que de vez en vez les pasamos el plumero para ver si estamos todavía y me pregunto, ¿el hombre cuando gasta más tiempo en recordar que en sueños es porque ha empezado a envejecer?.

Todas estas canciones son como esas fotos amarillas, en ellas viven mi juventud, y el torbellino de mis ansias, algunas nacieron en las mesas con aliento a vino de algún bar de mala muerte o mala vida, fruto del incoherente vaivén de la conversación espesa de un borracho, que se aferró a mi soledad para salvar la suya, o de una de esas noches a la vuelta del amor desesperado, del encuentro de dos cuerpos solamente, del vacío del espíritu engañado, fracasado, vino con la lágrima, la luz del amor primero cuando eran más importantes los sueños que la carne, otras nacieron de la bronca que te deja en la sangre la injusticia cotidiana, la traición y la violencia que espera agazapada detrás de todos y de todo, para arrancarte en cuanto pueda la última flor que te queda y que vas cuidando como un obseso, la esperanza, alguna se fue moldeando en el amargo sarcasmo del casi desengaño, parecen ridículas y absurdas pero son como la vida quiso que sean, ácidas, crueles, hasta conmigo mismo como en los hipócritas (donde soy protagonista) o como en el loco de la vía que es un retrato incompleto porque no debía haberlo sacado hoy, de la maleta, pero el Boly, Jorge, Santi, Paco, Gonzalo y los otros que estaban viendo recuerdos conmigo me insistieron y ahí está, pero el loco de la vía merece más tiempo porque es un poco el retrato de casi todos los hombres que un día les gustaría revelarse y romper con todo lo que los arrodilla por eso en el próximo encuentro, cuando yo desde el disco y vos desde tu oreja compañera nos pongamos de acuerdo, te cuento todos los momentos del loco de la vía.
Chau


CINTAS AMARILLAS (LAURA)

Laura era tan suave, como una llovizna de setiembre.
Laura era tan frágil como un beso en la frente,
llevaba dos rubores carmín en la mejillas,
tenía mariposas de luz en la pupilas por que eran ojos nuevos,
sus ojos en la vida…

Laura, Laura, Laura..

Recogía la brisa y en su voz la devolvía.
Era como el rocío la frescura de su risa,
temblando sobre el pétalo de su boca, flor de almíbar,
delantalito pobre, remendado de alegría, crujiendo de almidón,
un jazmín parecía…

Laura, Laura, Laura…

Recitado

Su carterita rota que fue marrón un día.
Sus trenzas que se ataba con cintas amarillas.
Yo la esperaba siempre, de lejos sonreía,
le daba mi manzana, que hombre me sentía, ella me daba un beso
y sin mirar corría…

Laura, Laura, Laura…

Recitado

¡Y cómo se enojaba cuando yo le desataba las cintas amarillas!.
-¿ves?, para que no corras, si yo siempre te alcanzo- y seguía caminando a su lado sin decir palabra, pateando pedregullos, mirándola de reojo con mi gesto de orgullo, pero ella no me hablaba y cantaba muy bajito, ¡tan bajito!, que acariciaba con su aliento, las flores de papel, que a un lado del camino, bailaban con su acento. Entonces si que me sentía solo, ¡tan solo! Y quería romper con la pedrada de mi grito, el espejo de su magia, pero, no podía, su pequeña voz, dolía más que mi alarido en el silencio, entonces le decía,- perdón Laura- y le llevaba la cartera hasta el colegio… Ahora sé que la he querido tanto, tanto, tanto, pero, cómo alcanzarla, si siempre estuve tan lejos?.

Laura era tan suave como una llovizna de setiembre.
Laura era tan frágil como un beso en la frente.
Laura era el amor, ese amor que todos tienen.
Laura era el amor, Laura era el amor , el primer amor que nunca vuelve…

Laura, Laura, Laura…

RAFAEL AMOR®

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MI HERMANO VENÍA CONMIGO

Mi hermano venía conmigo, lo compraron con un pan,
por que cambió por su hambre su sueño de libertad.
Mi hermano venía conmigo, lo compraron con un pan.
Con los puños apretados, buscamos la misma luz,
pero en cuanto abrió las manos, lo clavaron a una cruz.
Mi hermano venía conmigo buscando la misma luz.

Recitado

Abrió los surcos cantando, unió la greda y el sol.
Hizo parir a la tierra y se estiró en el verdor.
Mi hermano traía en los ojos la mansedumbre del peón,
pero un grito, le trepaba, del pecho, del corazón.
Abrió la boca, alzó el brazo y silenciaron su voz.
le hablaron de paz, de trabajo y mi hermano les creyó,
le dieron para que calle un campito y un galpón.
Ya no abre surcos ni canta, ni se estira en el verdor
y no me mira a los ojos por que le duele el color.
Él sabe muy bien que potros andan lo manso de un peón,
esos, que por el hambre, no cambian el corazón.

Mi hermano venía conmigo lo compraron con un pan.

RAFAEL AMOR®

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EL ESPANTAPAJAROS

Como el dueño del sembrado, un sombrero desflecado
que al estallarle la copa, deja que escape la estopa
de su cabeza de trapo.
Al sombrero desflecado que al estallarle la copa.

Cara reseca y gastada por la lluvia despintada,
amarillenta de soles, pañuelo de mil colores
de puntas deshilachadas.
Cara reseca y gastada, amarillenta de soles.

La remendada camisa de domingos y de misas,
de agua florida y valseados,
de patios recién regados, de rubores y sonrisas.
La remendada camisa de agua florida y valseados.

Tu pantalón barullento te hace bailar con el viento,
como corriendo gaviotas,
tan lejanas y remotas como espumitas del viento.
Tu pantalón barullento que va corriendo gaviotas.

RECITADO

Y en la quietud campesina, cuando van las golondrinas
buscando otras primaveras, yo adivino en tus ojeras una lágrima sentida. Al irse las golondrinas, quisieras irte con ellas y en las noches, cuando esfuman tus colorinches, te acunan los grillos de alrededor, como a un Cristo labrador, crucificado de luna, todos los grillos te acunan. Pero, ¿quién dijo que eras dulce Cuco de madera, de los surcos el tirano, si como yo sos esclavo de la semilla y la tierra?.

CANTADO

Si por tu cuerpo de palo sigue viviéndote el árbol
y sin temor con – te quiero – sobre tu brazo un hornero,
te fundó un puño de barro.
Cómo diciendo, ¡te quiero! Sobre tu cuerpo de palo.

Y por tu sabia dormida trepa la tierra y te aviva,
dejando el verde consuelo de una hoja que es un pañuelo,
despidiendo golondrinas…
Por ese brote, la vida, te hace quedar contra el suelo.

RAFAEL AMOR®

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EL TONTO DEL PUEBLO

Una sonrisa hecha mueca en la boca
y un andar cansino como de cachorro guacho,
salta por las calles, continentes de sombras,
de soles y charcos.
Las manos escondidas, entre las mangas largas,
de un saco viejo, que por no tirarlo,
le dieron, por que él siempre heredará las sobras
y los trapos gastados
Y paga la doméstica bondad de las señoras
que creen comprar el cielo con un par de zapatos.
El anda que te anda pagando las limosnas,
calza del treinta y tres, hasta el cuarenta y cuatro.
Los domingos en misa, él pasa la canasta
para la eterna escuela o el nuevo hogar de ancianos.
Quiere ser monaguillo para vestir de ángel
y preguntarle a Dios si es que no está soñando.
Le dirá el señor cura, le dirá que irá al cielo, por desinteresado
y el saldrá corriendo mirando para arriba,
con las pupilas llenas de lágrimas y pájaros
y casi siempre son sus suelas desclavadas,
las que dan con sus sueños en el barro
y se ríen los malos de camisa de hilo y pantalón de paño…
y con él se entretiene el triste cabecilla,
ese al que todos odian y obedecen callados,
al que todos festejan la brutal cobardía con que la mano cruel
de aquel hijo de puta, lo revuelca en el barro.
Ríen las muchachas cuando lo ven de lejos mirarlas embobado,
el seno púber, las trenzas largas, su andar de aire, los dulces lábios,
sus ojos no veían mas que la luz en ello, el amaba sólo la virginal belleza
él hubiera querido prenderles una rosa de aromas y de sueños
sobre la paz del pelo. Traviesas, al fin niñas,
las incipientes hembras,
juegan con su rubor y el corre avergonzado.

Si es que no lo echa el dueño de la fonda,
lo sientan entre ellos los eternos borrachos,
para cambiar un poco sus rutinarias vidas,
la tremenda inconsciencia de sus mundos opacos.
Y le temen los niños cuando pasa a su lado,
por que dicen las viejas que se roba a los chicos
entre las mangas largas que le tapan las manos
Y el tonto les sonríe con su mirada buena, con su cara de viejo mezcla de idiota y sabio. No tiene mas remedio que guardar las caricias entre las mangas largas que le tapan las manos y…

Recitado

Cada pueblo tiene su tonto que lo alegra
el de patada en el culo, el eterno mandadero.
el que vive de miserias
Pero, ¿a donde irá el mundo, la gente, a que tristeza,
si se quedara un día sin los tontos? ,
el que pregunta a Dios si es un ángel de veras
o es un sueño que él tiene por detrás de los ojos
y siente azul la voz de la respuesta:
-eres mas que un ángel, por ser bueno, por ser tonto,
eres manso, eres, lo que llamo… un poeta.

RAFAEL AMOR®

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ABUELAS LAVANDERAS


Abuela lavandera, en la ribera un rojo pañuelo,
quiso el tiempo que tenga el color de tu piel la Ría Chuelo

Lindo cuando dejabas en la barranca, sobre la gramilla,
tendida la ropa blanca para que acueste el sol su mejilla.

En la espuma del jabón se hace milagro de agua tu risa
Y en mil sueños de burbujas viaja tu cara hasta la otra orilla.

Descalza en el repecho, vuelves cantando rumbo a la aldea,
ropitas de amor en tu pecho, la ropa del amo va en la batea.

Abuela lavandera, la pala y los hijos doblaron tu espalda,
quebraron tus caderas de mulata entera
y marchitaron tus senos que olían a fruta virgen de la selva.
Tus hijos fueron libres, te hablaron de patria y de libertad,
por la que jamás los volviste a ver, pero fuiste feliz con su felicidad
y lavando pensabas, – ser libre debe ser lo mismo que tender en la barranca,
mi ropa blanca sobre la gramilla y esperar que el sol acueste su mejilla,
así de sencilla la libertad, tiene que ser – .

RAFAEL AMOR®

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AL COMPAÑERO

La doméstica tregua de todas las tardes,
cuando el mantel de casa era un planeta de hule,
con países de migas y una mosca satélite merodeando el azúcar.
Con barcazas de pan que naufragaban siempre
y aquel casi llegar al borde de la taza,
con tu vieja o la mía tirándonos la bronca
por el pantalón roto o la lastimadura
y esa nuestra batalla que ellas no comprendían
ni comprendieron nunca.
Aquel mismo escenario, siempre diferente,
ejércitos de árboles como gigantes ciegos,
nuestra calle, que a veces fue río, otras puente,
abismos, montañas que iban y venían,
le pusimos al mundo nuestra geografía
y verjas que eran barcos piratas y en el puente,
capitanes con ojos de mil mares y vientos,
trabucos jazmines que disparaban aromas,
de la proa cargada con azahares, del cerco,
por aquellos marinos que fuimos, sin brújula ni puerto.
Y era tanta la magia de nuestra fantasía,
que la escoba dejaba su rincón de la hilacha,
la tremenda rutina de pelusas y hollines,
para transformarse, suelta al viento las crines,
en aquellos centauros de inocencia y paja.
Así era nuestra lucha, poblada de lirismos,
donde nadie moría, donde no se perseguía jamás a los caídos,
donde llegábamos en el último instante
para arrancarnos de las garras feroces del enemigo…
y éramos héroes, si, héroes,
de niños hay una forma tan azul de ver el heroísmo.
Héroes, que rendidos al caer la tarde,
cuando mandaban tregua nuestras madres,
cambiábamos la gloria por un tazón de leche.
Hoy, este diario, me trae tu rostro subersivo,
este diario que es un pájaro de humos y de muerte,
me trae tu rostro asesinado,
violeta de bronca, amarillo de injusticia y lo peor,
es que yo sé que a este diario solo le interesa la noticia.
Esta vez no se pudo compañero,
no pude llegar al último instante para decirte:
-¡ten cuidado, que están los perros del amo vigilando, vigilando,
que están los perros del amo, olfateando, olfateando,
donde encuentran un sueño, lo matan como a un pájaro! -.
Hoy no tenemos ni barcos ni caballos alados,
ni tampoco madera para héroes,
pero somos los hombres,
pero somos la historia que avanza paso a paso.
Hoy somos dos marinos con brújula y con puerto,
aunque digan que has muerto.

RAFAEL AMOR®

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DRUGSTORE

Fue una de esas madrugadas
en las que uno cree que puede descolgarse de los pulmones reventados,
el péndulo implacable del bolsillo,
cuando uno pretende frenar el reloj de la rutina,
cuando en medio de las voces y el humo, uno oye el silencio,
uno está ausente, uno cree que olvida.
Sacaron a un borracho a empujones, como siempre,
se quedó contra un árbol con un rosario de blasfemias.
De repente, alguien me dijo – ¡eh, tú, saca la guitarra! –
tenia una sonrisa de piano abandonado,
justo en el sol le faltaba una tecla,
las demás teclas, amarillentas, gastadas, de tiempo, de tabaco.
Una larga historia de lucha en las manos,
sin mas compensación que la sonrisa aquella.
Una boina hacia atrás en la cabeza,
el escudo de Aragón en la solapa.
Me llamó Sudamericano, ¡cómo no!,
algún día habrá un gran país que se llame Sudamérica
y me cantó coplas de su tierra
con esa voz cascada, como los ríos cuando cantan con las piedras.

CANTADO

Y me habló de la guerra, de la pena,
Que después de las balas fueron todos vencidos,
Que la miseria,
dejó un crespón prendido en cada puerta.
Pan con ajo y aceite y las guitarras muertas.

Y me hablaron sus manos, de la era,
de su mundo semilla, de la espera
y me hablaron sus ojos, de un alma simple y buena,
que nombrará tan solo, una cruz de madera.

Y me habló de un hermano
que se escapó a mi tierra,
que se apagó en exilio soñando con la vuelta,
Y de la madre aquella
que no pudo esperarlo,
de los perros del odio arañando las puertas.

Yo le hablé de ese sueño
que él llamó Sudamérica,
de otros vencidos, vivos
o muertos por la guerra,
de otra paz de rodillas
que traerá la miseria
Y del vacío tremendo de las guitarras muertas.

RECITADO

Y le hablé de otras manos
como las de él, labriegas
que se quedaron quietas,
siempre en la misma espera,
por un mundo semilla
que nombrará tan solo,
una cruz de madera
y saqué la guitarra,
para que viva,
para que cantemos juntos
yo con mis treinta y él con sus sesenta,
un tango, un jota, ¡que se yo!, una pena,
una de esas madrugadas,
en las que uno cree que olvida.

RAFAEL AMOR®

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LOS HIPÓCRITAS

Le va bien, me va bien,
cosas que se dicen siempre,
que triunfó que triunfé,
somo grandes, somos fuertes,
que es féliz, soy féliz
más que hombres somos héroes.

El insiste con el chiste,
que conozco de memoria,
nos reimos por cumplido
cada cual cuenta su historia,
y fingimos que vivimos
coronados por la gloria.

Yo calculo sus fracasos
él los míos los presiente,
conocemos nuestros miedos
y jugamos al valiente,
él se cree que es gracioso
yo, que soy inteligente.

Conservamos la apariencia
y hablamos con suficiencia
de las cosas de la vida
de placeres y de urgencias,
que gozamos y salvamos,
sólo con nuestra experiencia.

Que se acuerda, que me acuerdo,
de miles de travesuras,
que me inventa, que me invento,
cosas que no hicimos nunca,
y el muñeco que creamos
rompe nuestras ataduras.

Me despido, tengo apuro
él también está apurado
es el clásico saludo
del que no va a ningún lado
y ya sólos nos sentimos
tristes y desamparados.

Con sonrisa de profetas
y fuerza de gladiadores
procurando dar la imagen
de los grandes triunfadores
nuestras pobres marionetas,
mueren entre bastidores.

Desinfladas y olvidadas
entre miles de violines
con la mueca dolorosa
de la vida y sus trajines,
y al fin somos como somos
tan opacos y tan simples.

Tan cobardes y callados
tan hi´pócritas y usados
traicionados y traidores
queda el héroe arrodillado
destrozado por el cansancio del hombre.

RAFAEL AMOR®

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EL ACTOR

Es un famoso señor,
todos hablan de su gran valor.
Las mujeres lo quieren tocar,
se desmayan al verlo pasar
y suspiran por el color de su piel
y por el brillo de su mirar.
Es un esclavo de su esplendor,
no tiene tiempo para el amor
y aunque le inventan de a mil por mes,
él no ha querido ni una sola vez.
Cuida su traje, su pelo y su honor,
Porque el honor lo manda a hacer también.

Las solteronas, por televisión,
se alteran al verlo tierno y soñador
y lloran si notan que desesperado,
se da cuenta que “ella” lo ha traicionado
y sienten cuando él besa el extraño calor,
del beso que la vida nunca les brindo.

Las chiquilinas cuelgan su retrato
en la pared más visible del cuarto
y de noche sueñan tenerlo en el lecho,
que les diga cosas tiernas contra el pecho,
quisieran ser ellas, solo por un rato,
la que traiciona en el teleteatro.

Le han hecho la aureola del intelectual,
aunque algunos digan que es homosexual.
Mientras él departe con los periodistas,
con la suficiencia de un laureado artista,
por que alguien le ha dicho, de que aunque hablen mal,
siempre en las revistas hay que figurar.

-¡Ahí viene fulano!- dirán los porteros,
¿te acuerdas cuando era un pobre limosnero?
y abrirán la puerta con gesto cordial,
poniendo esa cara de propina mensual,
por que siempre tienen las cosas su precio,
según la limosna, se es loco o genial.

Recitado

Siempre está en la honda, siempre está en la justa
de lo que se estila o lo que no se usa.
Cobra por fumar los cigarrillos tal
o por decir que el whisky mengano es brutal
y a pesar de sus cosas confusas,
declara que ama la igualdad social.
Hay un montón que no dejan de elogiar
su talento, su genio singular
y lo siguen mansos y obsecuentes,
porque sueñan con ocupar algún día su lugar.

¿Y él?…

Él es ajeno de la ternura,
ama solo su voz, su figura.
nunca pudo romper las cadenas,
amar una mujer sino bonita, buena.
Mirarla a los ojos, beber su dulzura,
compartir sus penas, compartir venturas.

Compra su elegancia, su risa y su nombre,
pero no ha comprado la verdad de un nombre,
ese que al final de su vida vana,
siente que alguien llora a un lado de la cama
y cierra los ojos en paz por que sabe,
que alguien rezará por su alma mañana.


RAFAEL AMOR®

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EL VIEJO


La pieza llena de fotos de color
con que lo fue invadiendo su nieto mayor.
Ya no se puede fumar, ya no se puede soñar
ni leer hasta mañana,
dicen que es por su salud.
No hay que gastar tanta luz,
hay que cerrar las persianas.
Ya no hay manchas de humedad,
países de soledad de aquellas paredes blancas
que la luna azul bañaba
su imaginación fundaba
pueblos en todas las manchas.

Cantado I

Ya no es dueño del rincón,
de la mesa y el sillón
y la silla desclavada.
Ya no se puede tener,
la ropa como hasta ayer,
sin colgar desordenada.
Ni cantar en la quietud
coplas de su juventud,
en lo oscuro y en voz baja,
aquella quebrada voz,
que fue minando la tos
pero que sigue afinada.

Ya no se puede quedar
hasta después de cenar
aun con la mesa tendida
también el vino hace mal
y el calor que da el hogar
¡cómo ha cambiado la vida!.

Recitado I

El cigarro deja olor,
el cigarrillo peor,
la pipa es muy anticuada
y cuando viene el señor
novio de la menor,
hay que vestirse de gala.

Y no se le ocurra hablar
en la reunión familiar,
decir cosas incoherentes,
si no lo mandan callar,
lo empiezan a marginar
con que hoy todo es diferente.

Es ridícula y sencilla
la fiesta de sus rodillas,
los niños ya no son niños.
Queda mal sacar la silla
o salir de tardecita
a charlar con los vecinos

Y si se ríe tal vez,
de la eterna estupidez
y quiere dar un consejo,
se calla, la ve venir,
sabe que le han de decir
de que habla, por que está, viejo.

Canto II

Se levanta al aclarar
y sale al patio a tomar
un mate en silencios largos
y silbando quedamente,
como si estuviera ausente,
le pone alpiste al canario.

Y el limonero del fondo
le deja el suspiro hondo
de azahares en primavera.
Barco de gastada quilla
le rueda por la mejilla,
el pibe que aun conserva.

Recitado II


Se puso a recordar cuentos
y a revolver los armarios
como buscando el pasado.
Alguien le volvería a dar,
a sus brazos, el lugar
de refúgio, de cobijo.
Alguien a quien acunar,
a quien comprar caramelos,
quien lo volvería a llamar
como en un trino, abuelo,
por quien inventar fantasías,
un día tras otro día
cuando el sol incendia el aire…
total, para un viejo,
nunca es tarde.

RAFAEL AMOR®

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El LOCO DE LA VÍA

El loco de la vía vivía en la vía
por donde corría con monotonía el tren…
a horario, con atraso, pero todos los días.
Tenía una casa barata, chata, además de lata,
techo que había hecho, con esos deshechos
que se encuentra a gatas,
en la precaria orilla ferroviaria.
Tenía un perro puntiagudo, con alma de felpudo,
que siempre estaba echado, como entredormido,
parecía cansado con un solo ladrido.
Con un grillo minúsculo atornillaba crepúsculos
y en el barro violeta de la quieta cuneta,
una luna roja de sangre se le antoja la luz de la barrera.

El loco de la vía abría a las mañanas
una ventana nueva con cortinas finas de estrellas vespertinas
y en el humo alargado de su fuego gastado
elevaba y ondeaba una blanca bandera
más alta y más grata que la del guardabarreras.
Tenía una mirada suburbana entre verde y cansada
y aunque veía parecía que ya no miraba,
o que no le importaba todo lo que había.
Una voz de vino, amarga que a muchos les dolía,
y cuando el tren pasaba con su marcha cansina,
rutina encadenada, él no decía nada, pero, se sonreía,
y molestaba, claro…
al oficinista, que desviaba la vista con el sentido práctico
de los burocráticos que viven de rodillas tras las ventanillas
y que creen sólo en las cosas que están en las planillas.
A la señora beata santa mojigata con alma de rosario
y de pecado diario que con recogimiento y arrepentimiento
de confesionario siempre se escondía del loco de la vía,
claro como no pedía.

¡Ah! Sí hubiera ido por la sacristía, si hubiera sido como los demás
que lamían consuelos no les molestaría, Y hasta pagaría
con una limosna la paz en el cielo.

Al señor pudoroso, serio, moralista, ese que da el asiento,
correcto, educado que por las noches vive en el mareo
loco devaneo de plumas de coristas y un amor pagado,
al pseudo inteligente con cara de valiente, de duro intransigente,
que se cree reformista, que cuando lo veía, al lado de la vía,
al sol sin la camisa, desafiar al mundo con su risa,
comprendía que él, también iba en el tren,
el de todos los días.

Al político, retórico, critico por que no lo votaba
el loco de la vía,
a los poderosos por que era orgulloso,
a los desgraciados por que no era esclavo,
a la hipocresía por que no creía y a los mansos
por que se comprometía, claro les molestaba porque aún
callado, nunca se callaba,

Es que era un mal ejemplo el loco de la vía,
había que aplastarlo, borrarlo, desterrarlo
no vaya a ser que un día quieran imitarlo,
es un enemigo, vive al sol, no es mendigo, y
hasta a veces, canta, es un subversivo…
y vinieron veinte carros de asalto, cuatro de explosivos,
un camión de la perrera, un destornillador para
aflojar los grillos, máscaras antigases, carros autobombas, sesenta mil mangueras
para aplacar el humo blanco de su blanca bandera.
Le aplastaron la casa barata y chata,
le expropiaron al perro puntiagudo con alma de felpudo.
El loco de la vía reía todavía, y gritó libertad, con su voz que dolía,
-este ya está en la lista – dijo el oficinista,
y la santa señora en un avemaría pasaba la alcancía,
el señor circunspecto miraba muy correcto,
los hipócritas se compadecían,
el político crítico con sentido analítico dijo que era anárquico
que su fin era típico,
los poderosos repetía con gozo, es un ejemplo claro,
la libertad no existe, — decían los esclavos
y los mansos con quietud de remanso rezaban
y un cura les decía arrodillados hijos, siempre arrodillados hijos…
Y así se lo llevaron al LOCO DE LA VÍA.
Y en su lugar de lata de lunas escarlatas
con ventanas nuevas todas las mañanas
con cortinas finas de estrellas vespertinas,
picotean el crepúsculo de algún grillo minúsculo
unas cuantas gallinas.

RAFAEL AMOR®

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