Archivo

1994 - Un directo de Amor


1.- Yo seré tu compañero

2.- Cintas amarillas (Laura)

3.- Romance de la niña negra

4.- Saludo y parábola de García

5.- El tango de los negros

6.- Presentación de los músicos

7.- El trabajo y la hipocresía

8.- La canción del otro yo

9.- El loco de la vía

10.- Llegada a Madrid

11.- No me llames extranjero

12.- Un vals a Buenos Aires

13.- No es lo mismo

14.- Violetta

15.- Desde Homero con la misma odisea

16.- Corazón libre

17.- El perro cojo

Prólogo de Gonzalo Rei

Rafael Amor, aunque las modas cambien, no cambia de modo, como él mismo dice.

En estos tiempos tan inciertos, su poesía nos trae un soplo de esperanza: “Ha nacido mi hijo – todavía huele al pecho de su madre – huele a sexo – a sangre florecida – viene oliendo a vida … “. Su poesía canción o su canción poética es extensa y densa. Continuador de la lírica testimonial de Yupanki: “En el camino aprendí que andar solo no es soledad, que cobardía no es paz, ni ser feliz sonreir y que peor que mentir es silenciar la verdad”.

Inconformista como Benedetti: “… Y vinieron veinte carros de asalto, cuatro de explosivos, un camión de la perrera, sesenta mil mangueras para aplacar el humo blanco de su blanca bandera. Le aplastaron la casa barata y chata, le expropiaron el perro puntiagudo con alma de felpudo. El loco de la vía veía todavía y gritó libertad! con su voz que dolía …”

Profundo como Brel: ” No es lo mismo estar solo sin haber amado, que despues de amar quedarse solo; no es lo mismo tener un sueño irrealizable, que tener un sueño destrozado. El que espera no es igual al olvidado …”

Comprometido como Tejada Gómez: “…No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo, tu mano como la mía, tu sueño como mi sueño y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño …”

Tierno como Alfonsina: ” Laura era tan suave como una llovizna de septiembre, Laura era tan frágil como un beso en la frente …”

Mordaz como Brasens: “El reloj suena, salto de la cama, me quito el pijama y hago una flexión; abro la ventana, saludo al canario, me lavo los dientes, canto una canción y por dentro tengo unas ganas tremendas, de darle dos hostias al despertador …”

Payador infatigable, sudaca convencido, porteño hasta las entrañas. Es, sin duda, uno de los más grandes poetas de nuestro tiempo y esta grabación en directo lo demuestra sobradamente.


YO SERÉ TU COMPAÑERO

Yo seré tu compañero par la farra y el vino,
la guitarra, los caminos, los amores lisonjeros,
impuros y libertinos.
Pero si se acaba el vino, si te sientes prisionero,
si amores verdaderos y no encuentras tu destino
entre todos los senderos, yo seré tu compañero.
Yo seré tu compañero para el abrazo y la gloria,
para perder la memoria con el tiempo y el dinero
y palmadas laudatorias.
Mas, recuerda si el fracaso, te muestra su rostro fiero,
los vencidos siempre fueron despreciados en su ocaso,
por los que ayer los quisieron. Yo seré tu compañero.
Yo seré tu compañero para el sueño y la poesía,
lo que llaman utopía, los que nunca la entendieron
por torpeza o cobardía.
Y en la realidad mas dura y en el llanto mas sincero,
el rebelde desafuero, con toda mi encarnadura,
para andar juntos, me quedo. Yo seré tu compañero.
Yo seré tu compañero, en razón, paz y verdad,
en justicia y libertad, que es todo lo que m as quiero
aunque traigan soledad.
Para el odio y la traición o la envidia del artero
o soplón del carcelero, yo no presto el corazón
y aunque me duela no quiero, que me llames, Compañero

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



CINTAS AMARILLAS (LAURA)

Laura era tan suave, como una llovizna de setiembre.
Laura era tan frágil como un beso en la frente,
llevaba dos rubores carmín en la mejillas,
tenía mariposas de luz en la pupilas por que eran ojos nuevos,
sus ojos en la vida…
Laura, Laura, Laura..

Recogía la brisa y en su voz la devolvía.
Era como el rocío la frescura de su risa,
temblando sobre el pétalo de su boca, flor de almíbar,
delantalito pobre, remendado de alegría, crujiendo de almidón,
un jazmín parecía…
Laura, Laura, Laura…

Su carterita rota que fue marrón un día.
Sus trenzas que se ataba con cintas amarillas.
Yo la esperaba siempre, de lejos sonreía,
le daba mi manzana, que hombre me sentía, ella me daba un beso
y sin mirar corría…
Laura, Laura, Laura…
RECITADO

¡Y cómo se enojaba cuando yo le desataba las cintas amarillas!.
-¿ves?, para que no corras, si yo siempre te alcanzo- y seguía caminando a su lado sin decir palabra, pateando pedregullos, mirándola de reojo con mi gesto de orgullo, pero ella no me hablaba y cantaba muy bajito, ¡tan bajito!, que acariciaba con su aliento, las flores de papel, que a un lado del camino, bailaban con su acento. Entonces si que me sentía solo, ¡tan solo! Y quería romper con la pedrada de mi grito, el espejo de su magia, pero, no podía, su pequeña voz, dolía más que mi alarido en el silencio, entonces le decía,- perdón Laura- y le llevaba la cartera hasta el colegio… Ahora sé que la he querido tanto, tanto, tanto, pero, cómo alcanzarla, si siempre estuve tan lejos?.
CANTADO
Laura era tan suave como una llovizna de setiembre.
Laura era tan frágil como un beso en la frente.
Laura era el amor, ese amor que todos tienen.
Laura era el amor, Laura era el amor , el primer amor que nunca vuelve…

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



ROMANCE DE LA NIÑA NEGRA

Poema de Luis Cané

TODA VESTIDA DE BLANCO, ALMIDONADA Y COMPUESTA,
EN LA PUERTA DE SU CASA ESTABA LA NIÑA NEGRA,
UN ERGUIDO MOÑO BLANCO LE ADORNABA LA CABEZA,
COLLARES DE CUENTAS ROJAS AL CUELLO LE DABAN VUELTAS
TODA VESTICA DE BLANCO ALMIDONADA Y COMPUESTA,
EN LA PUERTA DE SU CASA ESTABA LA NIÑA NEGRA,
LAS OTRAS NIÑAS DEL BARRIO JUGABAN EN LA VEREDA,
LAS OTRAS NIÑAS DEL BARRIO NUNCA JUGARON CON ELLA,
EN UN SILENCIO SIN LÁGRIMAS LLORABA LA NIÑA NEGRA.
NIÑA NEGRA, RONDA BLANCA, JUGABAN EN LA VEREDA, CUENTAS ROJAS
NUNCA JUGARON CON ELLA, NIÑA NEGRA, RONDA BLANCA, CUENTAS ROJAS
DABA PENA, NIÑA NEGRA.
TODA VESTIDA DE BLANCO ALMIDONADA Y COMPUESTA,
EN UN FÉRETRO DE PINO LLEVAN A LA NIÑA NEGRA,
DICEN, QUE A LA PRESENCIA DE DIOS UN ÁNGEL BLANCO LA LLEVA,
LA NIÑA NEGRA QUE SABE SI HA DE ESTAR TRISTE O CONTENTA,
QUE DIOS LA MIRA DULCEMENTE, LE ACARICIA LA CABEZA, Y UN LINDO PAR DE ALAS BLANCAS A LAS ESPALDAS LE CUELGA,
LOS DIENTES DE MAZAMORRA, BRILLAN A LA NIÑA NEGRA.
NIÑA NEGRA, RONDA BLANCA, JUGABAN EN LA VEREDA,
CUENTAS ROJAS, NUNCA JUGARON CON ELLA,
NIÑA NEGRA, RONDA BLANCA, DABA PENA,
CUENTAS ROJAS, NIÑA NEGRA NUNCA JUGARON CON ELLA,
RONDA BLANCA, DABA PENA, CUENTAS ROJAS, NIÑA NEGRA,
RONDA BLANCA, JUGABAN EN LA VEREDA, CUENTAS ROJAS NUNCA JUGARON CON
ELLA, NIÑA NEGRA, DIOS LLAMA A TODOS LOS ÁNGELES Y DICE JUEGUEN CON ELLA.

LUIS CANÉ

Volver arriba



EL TANGÓ DE LOS NEGROS

Le besaba la cintura, milonga arriba la luna,
llama azulada del lucero, moja la piel, del tamborilero,
guitarra desafinada, voz de ginebra gastada,
que anda enhebrando los grillos.
Laten las milongas, de San Telmo a Palermo,
los conventillos.
Hay que callar el tangó de los negros,
no, que no, que no calle el pueblo.
Al ritmo de las caderas es el badajo de las polleras.
Son campanas de percal, viene a su son todo el arrabal.
Crece la sangre mulata. Hay un malvón y una lata
y un yuyo entre los ladrillos.
Guapo y bailarín, batea y jazmín, el patio del conventillo.
Hay que callar el tangó de los negros…
Baila un abuelo carbón, marcando el compás con el bastón,
vino en un barco una vez, puro candombe en los pies.
La mota blanca del pelo, humo y ceniza del cielo,
lleva los ojos cerrados. Piensa en su tierra y después,
los abre otra vez, tristes y mojados.
Hay que callar el tangó…
Viene de aquí para allá, los pechos redondos, mamá Caridad,
pañuelo carmesí, la voz de chicharra, la risa de ají.
Tuvo un hijo federal. Otro con el general murió de poncho celeste, ella que los parió negros a los dos,
de pensarlo le duele.
Hay que callar…
Ya no hay abuelo carbón ni Mamá Caridad, que bailen al son,
Él se fué con el barco de su niñez, puro candombe en los pies.
Ella lavando en el río, se fué de pena y olvido, se fué de llanto y de sal.
Le mojaban las plegarias una lágrima unitaria y otra federal.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



LA CANCIÓN DEL OTRO YO

El reloj suena, salto de la cama,
me quito el pijama y hago una flexión.
Abro las ventanas, saludo al canario,
me lavo los dientes canto una canción
y por dentro tengo unas ganas tremendas
y por dentro tengo unas ganas tremendas
de darle dos ostias al despertador.
Salgo a la calle, saludo al vecino,
con gesto muy fino que es todo un señor.
Sale su señora con la escoba en mano
con una sonrisa le dejo un adiós,
tan de su casa rulo y redecilla
que pienso por dentro al verla tan sencilla
ya está la cotilla al pié del cañón.
Me meto en el metro loco de contento,
hay un solo asiento pero somos dos.
Sube una viejita toda arrugadita,
le doy el asiento, le tengo el bastón.
Y por dentro pienso al verla tan graciosa,
tenía que subir la vieja hincha pelotas,
tenía que subir justo en este vagón.
Pasa una muchacha, la noche en el pelo,
los ojos de cielo, la miel en la voz.
Me dice: – permiso – y siento el hechizo
de tanta tersura de tanto candor.
Y siento que el alma se me va y me viene,
que pienso por dentro, que culo que tiene.
Me importan un pito, la miel y el candor.
Llego a la oficina, algo adelantado,
para un buen empleado es la obligación.
Por eso es que el jefe me ha puesto a su lado,
como a un buen ejemplo de nuestra sección
y a mis compañeros bien que se les nota,
que piensan por dentro que soy un pelota,
que piensan por dentro que soy un pelota,
y tienen razón.
A la salida, tomo una copita
que es algo que incita, tras de la jornada,
con alguna tía seudo-liberada
en un Púb. de esos con la luz bajita
y mientras le hablo de mi alma enferma,
de la soledad, de la vida moderna,
la tía se pone comprensiva y tierna,
y le toco… le toco… las piernitas
y cuando tengo todo decidido,
me dice al oído,
son diez mil y la cama.
Y ya estando a solas le digo:
– la carne no supera nunca los goces del alma.
Ella no contesta, ¿estará avergonzada?,
no, está buscando las lentillas en la cama.
Le doy las diez mil y me voy para casa.
Ya llego a casa, tomo un bocadillo,
algo bien sencillo para dormir bien,
pongo el reloj en hora, me tiendo en el lecho
siempre satisfecho como en un edén.
Y por dentro pienso en algo que me aterra,
que estamos viviendo una vida de mierda.
Y quiero dormirme… sin pensar por qué.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



EL LOCO DE LA VÍA

El loco de la vía vivía en la vía por donde corría con monotonía el tren… a horario, con atraso, pero todos los días. Tenía una casa barata, chata, además de lata, techo que había hecho, con esos deshechos que se encuentra a gatas, en la precaria orilla ferroviaria. Tenía un perro puntiagudo, con alma de felpudo, que siempre estaba echado, como entredormido, parecía cansado con un solo ladrido. Con un grillo minúsculo atornillaba crepúsculos y en el barro violeta de la quieta cuneta, una luna roja de sangre se le antoja la luz de la barrera. El loco de la vía abría a las mañanas una ventana nueva con cortinas finas de estrellas vespertinas y en el humo alargado de su fuego gastado elevaba y ondeaba una blanca bandera más alta y más grata que la del guardabarreras. Tenía una mirada suburbana entre verde y cansada y aunque veía parecía que ya no miraba, o que no le importaba todo lo que había. Una voz de vino, amarga que a muchos les dolía, y cuando el tren pasaba con su marcha cansina, rutina encadenada, él no decía nada, pero, se sonreía, y molestaba, claro, al oficinista, que desviaba la vista con el sentido práctico de los burocráticos que viven de rodillas tras las ventanillas y que creen sólo en las cosas que están en las planillas.
A la señora beata santa mojigata con alma de rosario y de pecado diario que con recogimiento y arrepentimiento de confesionario siempre se escondía del loco de la vía, claro como no pedía, ¡ah! Sí hubiera ido por la sacristía, si hubiera sido como los demás que lamían consuelos no les molestaría, Y hasta pagaría con una limosna la paz en el cielo. Al señor pudoroso, serio, moralista, ese que da el asiento, correcto, educado que por las noches vive en el mareo loco devaneo de plumas de coristas y un amor pagado, al pseudo inteligente con cara de valiente, de duro intransigente, que se cree reformista, que cuando lo veía, al lado de la vía, al sol sin la camisa, desafiar al mundo con su risa, comprendía que él, también iba en el tren, el de todos los días. Al político, retórico, critico por que no lo votaba el loco de la vía, a los poderosos por que era orgulloso, a los desgraciados por que no era esclavo, a la hipocresía por que no creía y a los mansos por que se comprometía, claro les molestaba porque aún callado, nunca se callaba, es que era un mal ejemplo el loco de la vía, había que aplastarlo, borrarlo, desterrarlo no vaya a ser que un día quieran imitarlo, es un enemigo, vive al sol, no es mendigo, y hasta a veces, canta, es un subversivo… y vinieron veinte carros de asalto, cuatro de explosivos, un camión de la perrera, un destornillador para aflojar los grillos, máscaras antigases, carros autobombas, sesenta mil mangueras para aplacar el humo blanco de su blanca bandera. Le aplastaron la casa barata y chata, le expropiaron al perro puntiagudo con alma de felpudo. El loco de la vía reía todavía, y gritó libertad, con su voz que dolía, – este ya está en la lista – dijo el oficinista, y la santa señora en un avemaría pasaba la alcancía, el señor circunspecto miraba muy correcto, los hipócritas se compadecían, el político crítico con sentido analítico dijo que era anárquico que su fin era típico, los poderosos repetía con gozo, es un ejemplo claro, la libertad no existe, — decían los esclavos y los mansos con quietud de remanso rezaban y un cura les decía arrodillados hijos, siempre arrodillados hijos…
Y así se lo llevaron al LOCO DE LA VÍA. Y en su lugar de lata de lunas escarlatas con ventanas nuevas todas las mañanas con cortinas finas de estrellas vespertinas, picotean el crepúsculo de algún grillo minúsculo unas cuantas gallinas.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



NO ME LLAMES EXTRANJERO

No me llames extranjero, por que haya nacido lejos,
O por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno
O por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos,
No me llames extranjero si en el amor de una madre,
Tuvimos la misma luz en el canto y en el beso,
Con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.

No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo,
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego,
Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero tu trigo es como mi trigo
Tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que me trajo un camino,
Por que nací en otro pueblo, por que conozco otros mares,
Y zarpé un día de otro puerto, si siempre quedan iguales en el
Adiós los pañuelos, y las pupilas borrosas de los que dejamos
Lejos, los amigos que nos nombran y son iguales los besos
Y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito,
El mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
Desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras,
Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
Los que roban los que mienten los que venden nuestros sueños,
Los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.

No me llames extranjero que es una palabra triste,
Que es una palabra helada huele a olvido y a destierro,
No me llames extranjero mira tu niño y el mío
Como corren de la mano hasta el final del sendero,
No me llames extranjero ellos no saben de idiomas
De límites ni banderas, míralos se van al cielo
Por una risa paloma que los reúne en el vuelo.

No me llames extranjero piensa en tu hermano y el mío
El cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre
Por la libertad eterna e igual de libres murieron
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



UN VALS A BUENOS AIRES

Un vals a Buenos Aires, ciudad querida,
mi bohemia en tus calles se hizo poesía.
Un vals a Buenos Aires, guitarra mía,
revivile seis sueños a Echeverría.
Para ese Buenos Aires, gigante y ciego,
que en cada canillita, guarda un Carriego.
Los tiempos de la abuela ya no son,
esos del miriñaque y el mantón.
Ya nadie va del brazo por el sol,
por esas calles viejas, ni se trepa a la reja la canción,
de aquellas serenatas a un balcón,
falta aquel organito rezongón y un tango en la vereda.
Pero vos que sos porteño y soñador,
cantale a Buenos Aires corazón, un valsecito tierno y remolón,
para lo que le queda.
Barcelona, las seis de la mañana, me pregunto ¿como estará Buenos Aires cuando llegue el invierno, con un solcito niño jugando a la rayuela por las calles del centro y en la plaza de mayo, los abuelos de pan, harán migas de tiempo, para tirar de a cachos su vida a las palomas, con sus manos cansadas y sonriendo en silencio?
¿Y los domingos?, ¡ah mansos domingos del mate y la fatura!,
con las tardes lamiendo los verdes de Palermo, con los goles de Boca, de River, ¡que se yo! de cualquiera y aquellos barriletes que enloquecen el cielo.
¿Y los lunes?, con bufandas de abuelas de punto arroz y cuentos marchan los gorriones camino de las escuela, contando unas monedas para dos caramelos.
Tendrá en ir y venir febril de los obreros, en trenes suburbanos, la Crónica y el termo, aquel ronco “ se lustra”,
llenando los andenes, el vende valentías, el cafetero, el ciego y aquellos titulares ¡ cuantos hombres que han muerto!.
¿Cómo estará Buenos Aires cuando llegue el invierno?.
¿Cómo estará corrientes, cuando baje por ella, despacio mi recuerdo y entre dos tazas lánguidas, asombradas, pálidas, ver de nuevo a los rantes de la viola y el verso.
Que mi vieja me espere, como siempre, a las cinco, haciéndose la tonta y con un ojo abierto, como cuando yo venía de caminar mis sueños, borracho de palabras, borracho de silencios.
¿Y María Paula?, tal vez juegue con la paz de Retiro, quizás haya aprendido a decir; – Papá, te extraño- en el idioma luz de sus ojos pequeños y tus manos amor, volando por las cosas donde yo aprendí todo lo puro, todo lo bueno, por las noches calladas, mi nombre y una lágrima, apretarán un beso.
Yo sé como estará, siempre habrá de domingos del mate y la fatura, con Mamá, María Paula y se que bajaré del brazo por corrientes con mis amigos rantes de l a viola y el verso y sé que llegaré a la Plaza de Mayo, a tirarle a los pájaros, las migas de mi tiempo.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



NO ES LO MISMO

No es lo mismo, estar solo sin haber amado,
que después de amar quedarse solo.
No es lo mismo el tener un sueño irrealizable,
que tener un sueño destrozado.
El que espera, no igual al olvidado.

No es lo mismo presentir la luz, la primavera,
que mirarlas irse de tu lado.
Y aunque las dos parezcan una misma ausencia
en un mismo punto desolado,
Un: ya se fue, no es igual a un: no ha llegado.

No es lo mismo sufrir el ansia de un camino,
que sufrir después de haberlo andado,
Y aunque el norte siga siendo el mismo norte,
no es lo mismo perderlo que buscarlo
Aunque parezca, no es igual el desamparo.

No es lo mismo ver la vida si amanece,
que mirar en el crepúsculo, su paso.
Y la luz que falta cuando el alba,
no es la sombra que sobra en el ocaso.
No ganar, no es lo mismo que el fracaso.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



VIOLETTA

Tiene un dolor de barca abandonada,
en las arenas de una playa quieta
y una gaviota de niñez que baja
a refugiarse en su madera seca.
Violetta tiene un nombre de poema
garabateado en una servilleta
por esos parias en alcohol perdidos
tan solitarios tristes y poetas.

Violetta, Violetta, Violetta.

Violetta a veces llora esos amores
que tras la noche al alba izan las velas
siempre los mismos pasos de regreso
desde el adiós del muelle hasta su pieza.
Tiene una historia como en las canciones
que los borrachos cantamos en las mesas
de las tabernas con humo y acordeones
pasados de tabaco y de cerveza.

Violetta, Violetta, Violetta.


Tiene una foto al lado de la cama
donde la infancia duele amarillenta
y la sonrisa de ahora no es la misma
traviesa y cómplice de aquellas trenzas.
Violetta bebe su ron adulterado
manos furtivas recorren sus caderas
y entre procaces risas y caricias
vaga en sus ojos sin luz la borrachera

Violetta, Violetta, Violetta.


Puso sus manos tibias en mis manos
por una calle de un país cualquiera
mi corazón me dijo es como el tuyo
late soñando con otras riveras
y yo que vivo lléndome de todo
al fin me fui sin volver la cabeza
la vi bajar los ojos y en silencio
la oí contar los pasos a su pieza.

Violetta, Violetta, Violetta.

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



CORAZÓN LIBRE

Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia,
los únicos vencidos corazón, son los que no luchan.
No los dejes corazón que maten la alegría,
remienda con un sueño corazón, tus alas malheridas.

No te entregues corazón libre, no te entregues.
No te entregues corazón libre, no te entregues.

Y recuerda corazón, la infancia sin fronteras,
el tacto de la vida corazón, carne de primaveras.
Se equivocan corazón, con frágiles cadenas,
más viento que raíces corazón, destrózalas y vuela.

No te entregues corazón libre…

No los oigas corazón, que sus voces no te aturdan,
serás cómplice y esclavo corazón, si es que los escuchas.

No te entregues corazón libre…

Adelante corazón, sin miedo a la derrota,
durar, no es estar vivo corazón, vivir es otra cosa.

No te entregues corazón libre…

RAFAEL AMOR®

Volver arriba



EL PERRO COJO

– Poema de Manuel Benítez Carrasco –

Con la pata coja colgando, despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado.
Un perro de pobre casta,
uno de esos, callejero, pobre de sangre y de estampa,
que nacen en los rincones de perras tristes y flacas,
condenados a comer basura de plaza en plaza,
que de pequeños, por lo fino y ágil de la infancia,
baloncitos de peluche, tibios bolones de nácar
los acurrucan, los miman, los sacan al sol, les cantan…
de mayores, conque ya se les fue la gracia,
los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa
sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas…
¡Y que tristes ojos tienen! , ¡ qué recóndita mirada!,
como si en ella pusieran su dolor a media asta…
y se mueren, de tristeza, a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo lo llamo: – ven, no te hago nada-
todo hociquito curioso, toda sed, hambre, nostalgia.
El perro escucha mi voz, olfatea mis palabras,
como esperando o temiendo, pan, caricias o pedradas,
no en vano lleva marcado un mal recuerdo en la pata.
Lo llamo otra vez: – ven aquí, no te hago nada-, dócil a medias, avanza,
moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas…
– ven aquí, no te hago nada- eso es… ¡adiós a la desconfianza!,
que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla,
ladra, para hablar más fuerte, salta, gira, gira, salta,
canta, ríen, ríen cantan, lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable abanico de palabras…
-¿ que piedra te dejó cojo?, ¡malhaya, malhaya!…
el perro me entiende, sabe que maldigo la pedrada,
esa pedrada dura que le destrozó la pata
y con el rabo me está agradeciendo la lastima.
-No te preocupes, no te preocupes, que no ha de faltarte nada,
yo también soy callejero, diente de distintas plazas
y a patita coja voy, de jornada en jornada,
las piedras que me tiraron, me dejaron coja el alma…
vamos pues perrito, ¡anda que te anda!,
tú por tus calles oscuras, yo, por las mías calladas,
tu la pedrada en el cuerpo, yo, en el alma…
y si te mueres, yo te enterraré en mi casa,
bajo un letrero que diga: – aquí yace, un amigo de mi infancia-
y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque, una muleta de plata-…
Compañero, si los hay, amigo, dónde los haya,
mi perro y yo por el mundo, pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo, por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado lo fue dejando sin alma,
fueron muchas hambres juntas, mucho peso para sus tres patas.
Una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana,
lo encontré, tendido, frío, como una piedra mojada,
como duro musgo el pelo con el rocío brillaba,
ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas
y hacia el cielo de los perros, se fue, anda que te anda,
las orejas de relente y el hociquito de escarcha…
Portero y dueño del cielo, San Roque en la puerta estaba,
ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de recambios con que curar viejas taras:
-para ti tu rabo de oro, a ti tu ojo de ámbar,
a ti las orejitas de nieve, tú, tu colmillo de nácar,
tú… y mi perro le reía, tú, tu muleta de plata…
Ahora sé, por que está la noche agujereada,
luceros, estrellas, no, no, es mi perro que cuando anda,
con la muleta va haciendo, agujeritos de plata…

MANUEL BENÍTEZ CARRASCO

Volver arriba