
«Respeto a los artistas que se dejaron la piel en el camino»
El autor de ‘No me llames extranjero’ visita Bilbao para participar en un concierto homenaje al Che Guevara
EN FAMILIA. Rafael Amor canta con su hijo Rafi. / MAIKA SALGUERO
Vuelve el cantor. En realidad, nunca se fue. Pasó el ‘boom’
sudamericano, pasó la canción protesta y queda el poeta de
voz profunda, autor de temas repletos de ternura y razones. Rafael Amor
(Buenos Aires, 1948), conocido como ‘el loco de la vía’,
participa mañana en un homenaje al Che Guevara en el Kafe Antzokia
de Bilbao.
-Homenaje al Che. ¿Todavía se hacen estas cosas?
-Sí, cómo no. No podemos olvidar nunca al Che.
-¿Le admira?
-De chico siempre me llamó la atención su lucha contra la injusticia y contra la mentira. Hoy, con los años, le tengo un respeto y un recuerdo. Por supuesto, uno se enorgullece cuando dicen que era argentino, a pesar de que su patria estaba allí donde hubiera seres humanos explotados.
-¿Sigue siendo un referente válido para la gente de izquierdas?
-Sí, e incluso para la de derechas. Es un mojón que marca el lugar hasta el que un hombre puede llegar en su compromiso con una causa. Su figura es respetada por todo el mundo porque actuó siempre con claridad y transparencia. Nunca se vendió y jamás fue por detrás. Siempre de frente.
-Y Fidel Castro, ¿está también para un homenaje?
-Hombre, yo creo que Fidel es otra cosa. A él le quedó la tarea de seguir con la lucha. Por ahí se ha dicho la tontería de que traicionó al Che, pero nosotros sabemos bien quién le traicionó. No fue ni Fidel Castro, ni Cuba.
-¿Quién fue entonces?
-Ellos sabrán.
-De todos modos, ¿no cree que estas historias interesan poco a la juventud de hoy?
-Lo que pasa es que el capitalismo ha llegado ya a esa fase ulterior que llamamos imperialismo. Las grandes empresas se comen unas a otras, se comen gobiernos, países enteros, y la gente más desposeída del planeta empieza a caminar hacia donde hay comida. Todo esto no ocurría en los años setenta, pero continúa la lucha entre el gran capital y los pueblos que reivindican su derecho a ser.
-‘No me llames extranjero’, una de sus canciones, habla precisamente de la emigración. ¿El mensaje tiene hoy más actualidad que nunca?
-Creo que sí y la compuse en el año 76. Hace dos años hice otra, ‘La torre’, que habla de los parias que van a buscar comida a la gran torre del capitalismo, aparentemente indestructible. Una canción que hoy ha tomado unos visos de subversión terribles. En cualquier momento me ponen un nombre árabe y me reprimen.
-¿Ha sido un cantautor profético?
-No, no hace falta ser profeta. Se ve claramente lo que está pasando. El que no lo ve es porque no quiere, tiene miedo o prefiere seguir así para cuatro días locos que vamos a vivir. El individualismo es una opción que tienen las personas. Otras se implican más en lo colectivo.
-¿Ha sido de los segundos?
-Bueno, yo siempre tuve una tremenda vocación por lo colectivo, pero también he practicado el individualismo porque tenía que salvar la economía de mi familia, el estudio de mis hijos y todo eso. No he podido ser todo lo ‘colectivista’ que quería ser.
-Uno de sus cuatro hijos sigue sus pasos en el mundo de la canción.
-Sí, Rafi canta y estará conmigo en Bilbao. Pero es joven, tiene 21 años, debe vivir sus propias experiencias y elaborar sus compromisos. Soy enemigo de conducirlo en ese o en ningún sentido.
-¿A qué colegas admira?
-Realmente, siempre he sido un poco como el lobo estepario, pero artistas como Mercedes Sosa, Alberto Cortez, Jairo o Julio Lacarra son amigos. Acá, en España, guardo un cariño muy grande para Joan Bautista Humet, un gran poeta y un gran valor. Tengo mucho respeto por los artistas que se dejaron la piel en el camino. En cambio, me producen piedad esos productos comerciales que salen de la noche a la mañana, y de la noche a la mañana también desaparecen.
A pesar de los silencios
-Entrevista Derli Prada y Víctor Delgado-
Asegura que los cantores se forjan en el pueblo y reniega de las discográficas
que conciben al artista como una invención de laboratorio. Este poeta
y músico argentino lleva tres décadas residiendo en España
y se proclama un cantante político, a quien los años 90 no
hicieron mella:“Otros claudicaron, yo seguí mi camino”.
Despreocupado del dinero y la fama su lucha es contra el olvido. “Que
más que el recuerdo del pueblo puede pedir un cantor resistente y
popular”, reflexiona mientras piensa en el regreso.
Ancho y barbado. Errante —“pero no tan errado”, diría,
la levedad del andar y la tranquilidad de sus gestos no acusan la carga.
En verdad, este cantor y poeta, de 53 años, porta una obra prolífica
inspirada en la ternura popular, que el tiempo en vez de mitigar va multiplicando.
En España aseguran que se trata de uno de los grandes poetas populares
de nuestro tiempo. También afirman que es un cantor que todo lo mira
con una “interminable mirada de seda y fuego”. Quizá,
el prefiera esa otra cosa que también dicen: “Payador infatigable,
sudaca convencido, porteño hasta las entrañas”.
Rafael Amor nació en Buenos Aires y es hijo de un afamado cantor
de la Orquesta típica de Canaro y de una artesana de bordado americano.
Tempranamente, en los prometedores ‘60 se hizo músico y cantor.
En 1973, cuando su repertorio folklorico comenzaba a ser reconocido, partió
para España, donde actualmente reside. Allí editó casi
todos sus discos, y es de los pocos artistas que pueden trashumar permanentemente
su geografía. Muchos ya lo reconocen como “uno de los últimos
grandes juglares” de entresiglo. En uno de sus tantos regresos, conversamos
durante una mañana en el bar Homero.
—La trashumancia, dice con humildad, más que con una elección
estática tiene que ver con mis necesidades materiales. Si me quedo
quieto como los patos de la kermes, me bajan a pelotazos. Tengo que caminar,
andarÉ Trabajar para trabajar, aunque parezca un juego de palabras.
Me invento laburo. Seis a–os atr‡s compr un auto usado,
con docemil kil—metros. Ahora tiene seiscientos setenta mil. Canto
en pueblos que tienen cuatro casas, hago recitales donde habitan 20 personas.
Tan pronto canto en el teatro principal de Zamora que inaugur— la
Reina de Espa–a, en el Teatro de Guij—n, junto a Marcel Marceux,
y despus canto en Zamalamarra, en un boliche para veinticinco personas.
En invierno, a veces, tengo que cantar casi dentro de la estufa, de tan
peque–os que son algunos locales.
Vive en la campi–a, a 50 km de Madrid
y a poco menos de Segovia, en Navacerrada, un pueblito con 700 habitantes.
Tiene una amiga payasa y un par de amigos m‡s, lejos del “lavarropas
de la far‡ndula”. Los domingos a la ma–ana despunta el
vicio en su propio programa radial de dos horas y media en una FM del pueblo,
con alcance a toda la sierra de Madrid “para difundir las voces m‡s
desoidas en los medios. Desde Yupanqui, Le—n Ferr, Chabuca,
hasta Woody Wuhrie”.
Espa–a lo hizo acreedor de numerosos premios y distinciones. El pœblico
que le ha sido fiel a lo largo de casi tres dcadas, profesa gran cari–o
por su persona y respeto por su obra.
—En todo ese tiempo no hice m‡s que componer y cantar para ellos.
Mi relaci—n es frontal, personal. Canto, vendo los discos, entrego
al pœblico unos papelitos que dicen: “Hay gente que se niega
a pasar por el aro, a hacer la pirueta arbitraria que el domador le exige,
Yo soy uno de esos. Por eso, me cuesta tanto decirle cu‡ndo actœo,
cu‡ndo salen los discos. Si usted quiere, djeme la direcci—n,
el telfono, el correo electr—nicoÉ”. Form
una red de comunicaci—n con m‡s de seis mil contactos personales
en toda Espa–a. Suplo as’ el silencio de los medios de comunicaci—n
que cada d’a est‡n m‡s cerrados para los que enfrentamos
al sistema. Hablo con la gente. Los Llamo, les mando un mensaje por correo
electr—nico anunci‡ndoles que me presento en su pueblo. Me aseguro
ese pœblico que me quiere ver. Luego voy a los peri—dicos, trato
de que cubran la informaci—n, pero sin depender de ellos. Y a los
discos los hago y vendo por mi cuenta. Es puro autogesti—n. Muchas
veces intent armar un grupo de artistas en resistencia, pero all‡
es casi imposible. Alguien que lo entendi— es Diego Dana y con l
trabajamos juntos.
—ÀEsa forma juglaresca, “artesanal”,
no es anacr—nica, en el denominado “primer mundo” y en
la era de las super producciones, agentes art’sticos, representantesÉ?
—Soy artista del tercer mundo, por lo tanto mi empresa tambin
lo tiene que ser. No puedo trabajar con la cabeza del primer mundo, aœn
estando en l. All’ los medios de difusi—n hacen una selecci—n
ideol—gica. Puede que te acepten como “una particularidad”
pero no vas a ser el convidado a su mesa. En Espa–a, afortunadamente,
tengo el reconocimiento del pœblico. Siempre que aparec’ en la
TV tuve buena repercusi—n. Sin embargo no soy el “exitoso”,
porque otros deciden que no lo sea. As’ lo han dispuesto los medios
de difusi—n que est‡n al servicio de la dictadura burguesa.
Eso explica que no sea proporcional el espacio que me brindan los medios
con el trato y el reconocimiento del pœblico. Cada d’a dispongo
de menos difusi—n period’stica.
Hay dos caminos, el trashumante y el “oficial” que se da a partir
de la televisi—n. En Espa–a se da un proceso que pronto se dar‡
aqu’: los artistas que tienen acceso a la televisi—n, van a
un pueblo y carecen de pœblico. Son s—lo “exitosos”
en las pantallas de TV.
—No es su caso. Con sus versos y una
guitarra arremete contra la parafernalia de las grandes empresas promotoras
de espect‡culos. No le va tan mal.
—Tampoco me resulta f‡cil. Ante todo, no soy quien elige ser
marginal. Simplemente quiero ser un artista que llega con su mensaje. Ocurre
que para ser un “integrado” al sistema hay que pasar por el
aro. Si no acept‡s, te ponen el r—tulo: triste, aburrido, peligrosoÉ
Busco zafar de tal dictadura del gusto y lucho como puedo. Trato de comprender
las necesidades del pœblico, darle lo mejor que tengo. Si a pesar de
los silencios impuestos, subsisto quiere decir que el pueblo tiene necesidad
de este cantor trashumante que no lo subestima. Que sabe que, adem‡s
de los reality y otras basuras, la gente necesita que el artista llegue
a su pueblo para hablar de sus propios sue–os. En esos papelitos que
doy a cada uno de ellos, digo: “ustedes son mi escudo contra el olvido”.
Van pasando los a–os y milagrosamente el pœblico me recuerda.
A veces se acercan para decirme cosas que me dan empuje. Hace poco, despus
de actuar en un pueblo de Santander vino un se–or, me abraz—
y me record— que, unos 20 a–os atr‡s yo hab’a cantado
gratis, en Portugalete –Vizcaya– cuando las fiestas estaban
prohibidas, y que ni l ni mucha gente de su pueblo lo hab’an
olvidado. Luego pronunci— algo que me hizo lagrimear: “tœ
nunca te has vendido, no te import— ni el dinero ni la fama y has
sido siempre fiel a ti mismo”. Qu m‡s puede pedir un cantor
resistente y popular, que el buen recuerdo...
Rafael Amor lleg— a Espa–a cuando
hizo eclosi—n la canci—n de autor y sobre todo, la canci—n
sudamericana. Algunos de sus temas, como No me llames extranjero y Eleg’a
a un tirano, constituyeron verdaderos himnos en todas las manifestaciones
por la democracia. Sus materiales discogr‡ficos como Personajes, El
loco de la v’a, La Cris‡lida, Un Directo de Amor, Batemusas,
entre otras grabaciones individuales y colectivos, hicieron de l un
artista perdurable y coherente, aœn en los 90 cuando los efluvios del
pragmatismo y la preconizada muerte de las ideolog’as horadaron demasiadas
voluntades y talentos populares.
—Un buen d’a decretaron la muerte del "cantautor de protesta",
nombre con que nos encarpetaron y pretendieron archivarnos en los pelusientos
estantes en donde se arrincona lo justo y lo verdadero, pero pasado de moda.
Claro, muchos compa–eros quedaron en el camino. Se reciclaron, se
comieron el anzuelo de la modernidad y los tap— el tiempo. Personajes,
que el pueblo hab’a puesto en ellos cierta representatividad, de pronto
entregaron todo su pasado por aparecer al lado del poder o sustentando ideas
reaccionarias. Yo segu’ mi estrella y ahora que escampa, me encuentran
en el sitio de siempre. Advierten que lo que cant todo estos a–os,
contrariamente a lo que nos predijeron, no perdi— vigencia. La lucha
sigue siendo la misma y por lo tanto yo continœo siendo polmico.
—ÀUsted ha dicho que no acuerda
con el r—tulo de “cantautor”?
—Es una palabra que no me define. Me gusta m‡s que me digan
folclorista. Cantautor tambin puede ser Perales. Es una expresi—n
nacida en los despachos de los pelotudos que manejan las casas discogr‡ficas.
Soy cantor. Un cantor que canta desde su clase. Por eso mientras muchos
claudicaron, se diluyeron o fueron ganados por el escepticismo mi proceso,
aœn en los 90, fue de un mayor compromiso con los problemas sociales
y con el mundo de las ideas revolucionarias, antiimperialistas.
—Se proclama, sin vueltas, un cantante
pol’tico.
—S’. Igual que Julio Iglesias es un propagandista de las clases
dominantes y un cantante pol’tico. ÀO no cant— para el
Apartaid, para Pinochet y tambin llen— el estadio de Vlez
para cantar a los genocidas del Ejrcito de la Argentina?. Es exponente
y difusor de un sistema de vida. Igual que Gloria Stefan o Celia Cruz, para
quien la vida es un carnaval y no para de elogiar al capitalismo y sus basuras.
Todos ellos son cantantes pol’ticos. Y su campo de proselitismo es
m‡s abarcador que el m’o. Como ellos, yo canto desde mi clase.
Cuando escribo o canto, no puedo despojarme de mi ideolog’a.
—Tambin suele definirse como cantor
marxista.
—Es que soy marxista. No siento ninguna excepcionalidad para call‡rmelo.
Sin embargo no siempre lo fui. A medida que se fueron derrumbando en mi
cabeza mitos como la Democracia, o la imagen id’lica del ser humano
por encima de sus intereses, comenc a leer literatura materialista.
Lenin, MaoÉ; me permitieron una mayor comprensi—n de la realidad.
Tambin descubr’ que m‡s o menos siempre hab’a pensado
as’. Hasta entonces hab’a sido un comunista espont‡neo.
Porque sto es as’: habl‡s con el colectivero y de repente
de veinte ideas que tira, doce corresponden al pensamiento marxista y l
no lo sabe. El marxismo est‡ en muchas cabezas porque es la claridad
y es inexorable el camino hacia eso. No hay un mundo de ideas m‡s
completo que el del marxismo. El capitalismo lo combate con todos sus mtodos,
porque sabe que implica el final de su trapaloner’a.
—ÀY eso c—mo incidi—
en su obra?
—Mucho. Porque pas de un anarquismo peque–o burgus
(algunas cosas conservo) revoltoso a vislumbrar la necesidad de la dictadura
del proletariado. Que es un barajar y dar de nuevo, con nuevas condiciones.
Y luego vendr‡n otros procesos con nuevas contradicciones, a los que
tampoco el pueblo debe temer. Pero nada de sto se gana provocando
o asustando burgueses con canciones altisonantes. No soy un cantor de esas
caracter’sticas. El marxismo es sensible a la sencillez de los hombres.
Hace poco un amigo me dec’a hablando de los piqueteros “son
pancistas, piden de comer; no quieren cambiar el sistema”. Sucede
que el tipo que no come no pinta un cuadro, no hace una melod’a, no
sirve una mesa. Qu revoluci—n no se hace para preservar la materia,
la vida. Qu hay de malo en pretender comer. La revoluci—n no
persigue principios altruistas, tan s—lo busca dar soluci—n
a las necesidades del pueblo. Ni ser‡ una zaga de principios puros.
La revoluci—n es el gran desorden de los oprimidos, que ayudados por
la teor’a se encargar‡n de concederle armon’a necesaria
para triunfar.
—Recin cit— a los piqueteros.
Actu— solidariamente para ellos en La Matanza. ÀQue representa
esto para un artista?
—Mis canciones son el resultado de mirar y ver, tratando de descubrir
la esencia de las cosas. Siempre me sirve fundirme con la gente, para reafirmarme
en mi clase. Para ver las cosas desde donde debo mirarlas. Soy hijo de trabajadores.
Yo mismo soy un trabajador, un artesano que aœn puedo sobrevivir con
lo que produzco. Quiz‡ conserve esa p‡tina de una clase media
que ya no existe, pero me asumo como parte de esa masa que desgraciadamente
est‡ m‡s al l’mite. Creo haber traspasado esa œltima
frontera, ese desencuentro que las ideas dominantes interpusieron entre
nosotros. Estoy contento de haber asumido totalmente mi clase, entonces
cuando voy a la Matanza me siento entre mi gente.
Sus pares argentinos ubican a Rafael Amor entre los autores m‡s destacados de su generaci—n. Han grabadoan sus temas, entre otros, Mercedes Sosa, Jos Larralde, Facundo Cabral, Los Cuatro de C—rdoba, Cantoral y Alberto Cortz, con quien tiempo atr‡s tambin realiz— una gira por los principales escenarios de Amrica Latina.
— Se dice de usted que es un renovador
del canto popular. Su origen musical ocurri— en un per’odo muy
rico al darse nuevas propuestas estticas en la Argentina. ÀSe
reconoce en alguno de aquellos movimientos?
—En esos a–os, en la Argentina, experimentamos una gran ebullici—n
art’stica. Primero hubo una reacci—n frente al folklore paisajista
y patriotero; en muchos casos reaccionario y portador de un falso nacionalismo.
Creo que Nuevo Cancionero marc— una divisi—n. Pero Yupanqui
hab’a sido un precursor de aquel canto. Mucho antes hab’a aunado
las dos cosas: el paisaje y el hombre, con una visi—n social fuerte.
Yupanqui era para nosotros como una monta–a. En cuanto al Nuevo Cancionero,
para los que recin nos inici‡bamos marc— un rumbo. Isella,
que fue un gran melodista, Castilla, M‡tus, Tito Francia, fueron los
que comenzaron; luego se sumaron Petrochelli, Lima Quintana y otros m‡s.
Su coraz—n fue Armando Tejada, que le cant— hasta las comidas
t’picas. Brill— adem‡s como poeta l’rico, no solamente
social. Fue un movimiento muy importante. Sin embargo, otros poetas sin
pertenecer al Nuevo Cancionero, como Jaime D‡valos por ejemplo, tambin
abordaron la problem‡tica social con gran calidad potica. Me
siento un poco heredero de todo eso. Porque el sustento de mi poes’a
sigue siendo el mismo. Puede que haya variado en su forma, no en contenido.
—ÀEncuentra similitudes con este
nuevo auge del folclore?
— No me parecen comparables. Los a–os 70 fueron de una gran
efervescencia militante. Pero las condiciones objetivas actuales parecen
estar m‡s pr—xima de esos cambios sociales que entonces tambin
busc‡bamos. Pero no exist’a esta crisis y la lucha en aquel
tiempo, al menos desde mi lugar de mœsico, era m‡s id’lica.
Hoy la situaci—n es m‡s descarnada. El pueblo no tiene qu
comer. Y los artistas, la mayor’a de ellos inmersos en el mismo drama,
comparten esa desgracia. Hay una conexi—n mayor del artista con la
realidad y esto m‡s tarde o m‡s temprano tiende a reflejarse
en la producci—n.
“Mis canciones, con contenido social o sentimentales, son canciones de Amor”, dice Amor jugando con las Palabras. Y sue–a con permanecer m‡s tiempo en la Argentina, recorrerla palmo a palmo con su guitarra y su poes’a. “Hacer lo mismo que hago en Espa–a. Comprarme un auto viejo que funcione a gas y salir a caminar. Quiero cantar en cada uno de los pueblos que me reciban”, dice esperanzado.
—ÀEs tiempo de cantores errantes,
tambin en la Argentina?
—S’. A pesar de la dependencia econ—mica y de ser un pa’s
ocupado por los grandes capitales monop—licos, dentro de la canci—n
popular encuentro una actitud de resistencia que nos viene dada de antes.
Posiblemente aœn no exista una vanguardia de mœsicos como en los
70, pero el verdadero movimiento es la gente. Los folcloristas estamos con
necesidad de reflejar en nuestra producci—n la ocupaci—n imperialista
y la problem‡tica social. Que es m‡s reafirmaci—n y m‡s
resistencia. Muchos artistas populares trabajamos para eso. Claro, siempre
que el canto se endurece resurje el tema del poder. El enemigo es poderos’simo
y trata de apartarnos de este camino. Las compa–’as discogr‡ficas
se creen forjadoras del destino de los cantores y se empe–an en hacerte
creer que no existe otro camino que el que trazan ellos. Conciben el producto
(musical) como una invenci—n de laboratorio. Desde–an el camino
popular. Pero los cantores se forjan en el pueblo, cant‡ndole de frente.
La experiencia muestra que la realidad, la necesidad de expresi—n
popular, va generando sus representantes y sus propios movimientos. No creo
que haya otro ‡mbito de pelea, de lucha, que el de la propia masa.
Una vanguardia para ser tal tiene que estar inmersa en ella. Desde ah’
proyecto todas mis esperanzas.
(recuadro)
De cara al invasor
El autor de “No me llames extranjero”, repara en los œltimos
acontecimientos mundiales y comenta: “Esta declaraci—n de guerra
de los EE.UU. es una cerebral y macabra maniobra, para nada visceral como
pretenden hacernos creen. Viene a coronar el largo plan de extermino al
que hist—ricamente son sometidos los pueblos del tercer mundo. Mientras,
el cerco del hambre tambin sube hacia los pa’ses llamados del
primer mundo, que est‡n peleando por la hegemon’a del imperialismo
capitalista. Cercados y con la econom’a al borde de la recesi—n,
buscan aprovechar el momento para establecer una frrea lucha contra
el "terrorismo", dicen ellos, en la que involucrar‡n —estoy
seguro— a todo el que luche por su libertad, su identidad y derecho
a la autonom’a. Adem‡s de adue–arse del petr—leo
de los pa’ses ‡rabes, muchos de cuyos pueblos no son ni locos
ni fundamentalistas, como est‡ de moda decir. Y aunque algunos son
ciertamente reaccionarios, encarnan una lucha antiimperialista, primero
contra los rusos y ahora contra los yanquis.
La dicotom’a entre Democracia y Bandidos fan‡ticos, es puro
manique’smo. Al‡ y Mahoma son dioses del fundamentalismo de
unos. El Dinero, el Capitalismo, son dioses del fundamentalismo de los otros.
Los pueblos merecemos otra suerte. Y tener presente nuestras ra’ces
es algo preponderante para que no nos anulen ni uniformen. Para plantarnos
de cara al invasor que viene con la goma de borrar es preciso autoreferenciarnos
a partir de nuestra propia identidad. No hay una manera de ser universal
si no se es de algœn lado. El hecho territorial existe. Y no es una
cuesti—n que nos divida. Es algo objetivo, que no podemos obviar.
Y cada uno, con sus connotaciones, puede aportar a la unidad o hermandad
de los pueblos, reconociendo particularidades. Por eso es bueno infundir
tambin como elemento revolucionario el respeto, primero que nada a
lo nuestro y el amor a nuestras cosas.
Sira Campos para “Contranoticias”
Estamos con Rafael Amor un poeta y cantor –como se le llama en su país natal Argentina- que lleva recorriendo el mundo con sus canciones desde hace más de 40 años. Un referente claro de lo que es el enfrentamiento abierto contra el sistema y la “dictadura del pensamiento único”. Marginal sin proponérselo, Amor, hace más de 28 años que reside en España. Su modo de viabilidad es el boca a boca, por que su nombre para muchos es una consigna. Fiel a la poesía y al compromiso que como ser humano tiene para con lo que lo rodea, no olvida nunda de donde viene ni tampoco a donde quiere ir: “prefiero pasar de moda y no de modo” suele decir y a pesar de lo profundo de su lucha y de su mensaje, jamás olvida el humor, la ironía, como tampoco la ternura.
p) -¿Con canciones se puede cambiar algo?-
R) – No, con canciones solo, no, pero eso si, cada cambio tiene sus canciones.-
P)- ¿ Le hubiera gustado triunfar como los artistas que son superventas y llenan estadios de fútbol en esos macroconciertos?
R)- Por supuesto, lo que pasa es que en ese supuesto, tendríamos que pensar en otro tipo de sociedad en la que se valorara o hubiera la posibilidad de que la gente eligiera libremente, sin el bombardeo de la acción mediática que impone su dictadura del gusto y la elección y que los varemos de éxito y fracaso fueran totalmente distintos, que no se midieran por los cachos de plástico que un artista vende, o sea, todo lo contrario de lo que es hoy, por eso yo estoy donde estoy y ellos donde están ellos, en el medio hay todo un proceso de entrega por parte de los artistas de sus ideales y su libertad a cambio de fama y dinero. Yo por ahí no paso.
P)-¿Será cierto o es una postura al ver que no le interesa al mercado su mercancía?
R)-Mi vida es tan clara y transparente que cualquiera que quiera indagar sobre si es verdad lo que digo o no, puede hacerlo. De todas maneras, la vida es una larga lucha de contradicciones, de cada una que se resuelve nace otra que a su vez se resolverá, la línea de resultados traza un camino, el mío hasta ahora, deja como rastro el de no haberme vendido nunca ni haber traicionado mis ideas en su esencia. El futuro entra dentro de lo especulativo y como no soy adivino, vamos a esperar que llegue.
P)-¿ No cree que el tipo de canción que usted y otros intérpretes cantan están ya pasadas en el tiempo y alejadas de los sonidos actuales?
R)- Ante todo, creo que no hay que confundir lo actual con lo moderno, luego, es fácil de ver que el poder, en estos tiempos encarnados por las multinacionales de todo tipo, entre las que se encuentran las musicales, hábilmente han asociado la Música con el Rock y no es que tenga nada contra el rock, por que él, ni los rockeros tienen la culpa de que el sistema los venda como única manifestación artisticomusical tal como han hecho con el refresco, nadie pide refresco, pide Coca Cola y también, observando como repercuten en los medios adictos al sistema –que son casi todos- los desastres que les tocan a los yanquis y como los que les caen a otros pueblos del mundo, llegamos a la conclusión de que los seres humanos son los norteamericanos. Cuando me habla de los sonidos ¿de cuales me habla, de los externos o los internos? Por que son muy diferentes y la música refleja cada uno de ellos por igual. De todas manera, usted no pretenderá que un señor del altiplano, tenga los mismos sonidos en su cabeza que los de un tipo de Harlem.
P)-¿Usted cree más en la poesía que en el panfleto?
R)- Yo creo en la poesía. Ahora, ¿quién
dice que una cosa es un panfleto y otra una poesía culta, quien lo
dictamina con absoluta autoridad?. La manifestación poética
desde una madre que le canta a su niño en el regazo, ahíta
de emoción y ternura, con palabras simples o las que tenga a su alcance,
es poesía y no hay quien venga ahora a discutir esto por que sino
caerá en lo presuntuoso de lo intelectual. Igual que un tipo que
tiene bronca y la canta o la grita o la escupe, visceralmente, es otro tipo
de manifestación poética, por la riqueza de lo espontáneo,
sin la premeditación de algo pulido. Lo pulido y bien pensado tiene
también un gran valor siempre que prevalezca lo emocional, por que
si no será algo muy bien escrito pero muy mal sentido. El tipo que
escribe un verso donde se enseña a armar un fusil por que está
en medio de una lucha, lo hace con el mismo ardor y sentimiento que un señor
enamorado que desvela nenúfares y persigue el arco iris o se bebe
los ojos de ella en el hueco de sus palmas levantándolos del río.
Esta disquisición entre panfleto y poesía, es una manipulación
reaccionaria, en donde se hace selectivo el acceso al arte como si de una
frontera del Parnaso se tratara y lo que es peor, encierra una artera maniobra
para desprestigiar las reivindicaciones populares, algo a lo que son muy
adictos los llamados intelectuales con vocación de elegidos.
P)- ¿Cómo sobrevive con esta filosofía de vida y además vertiéndola sin empacho?
R)- Mi caso no es muy diferente del de la cantidad de seres secuestrados por el sistema, al que le interesa tener un gran ejército de mano de obra parada para tirar de ella cuando hay demanda de trabajo y luego volverla a dejar en espera. En realidad la misión del capitalismo hoy ya además, imperialista, es la de crear pobreza, por más que los ministros digan que están creando riqueza. Cada uno paga su cuota del rescate para seguir perteneciendo a lo que llamamos sociedad y el que no puede más, ingresa irremediablemente a la masa de hambreados. Yo como artesano me voy salvando. Rayano entre la autogestión y la mendicidad, trashumo pueblo por pueblo y ofrezco mis canciones, canto como los viejos juglares donde se me quiera oír y vendo mis discos los que yo mismo produzco y fabrico, lo cual es un privilegio ciertamente, por que un albañil tiene más problemas.
p)-¿ No tiene miedo que le pase como a los protagonistas de aquella película famosa de Fernán Gómez “El viaje a ninguna parte” en la que los miembros de una compañía de cómicos de la legua era barrida por la acción del tiempo y el advenimiento del cine y la televisión?
R)- En realidad ninguna de estas cosas me da miedo, por que al fin y al cabo un cantor puede hacer otras cosas para ganarse la vida. Pero el que un juglar que cronica la vida cotidiana con su guitarra, antaño con la lira o el rabel, muera, es como decir que morirá el periodismo. Tal vez un tipo de periodismo si muera, o muchos juglares mueran, pero lo que si es cierto que permanecerá, bajo otras formas tal vez, el periodismo y la juglaría o la poesía que nos cuenta lo que está ocurriendo. Ya lo dijo Bécquer: “...podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”-
p)- Usted salió de la Argentina cuando tenía apenas 25 años y lleva 28 en España, por supuesto que ya no se siente del todo Argentino y tampoco del todo Español.
R)- Yo primero me siento yo, un ser humano entre seres humanos en cualquier parte del planeta que pise, soy un universalista, pero, es indudable que tal como decía Rilke, la verdadera patria del ser es la niñez y de allí donde uno la viva guardará imborrables sensaciones. Yo nací en Buenos Aires y para un porteño, no es fácil dejar de serlo. España es mi casa también y para más, tres de mis cuatro hijos son nacidos en Madrid. Ahora, yo sinceramente aspiro a volver a mi terruño, pero nada más que por querencia.
p)- Pero Argentina está muy mal ahora-
R)- Argentina es un lugar del mundo muy codiciado por sus riquezas. Se la disputan al igual que al resto de América del sur y centro los diferentes imperialismos. Ha venido soportando el saqueo sistemático y la entrega de los terratenientes y la alta burguesía. Siempre ha sido el país de ellos, en cuanto los trabajadores y la llamada clase media- la que ha venido comprando la idea de poder acceder a las clases privilegiadas y ahora ha visto que ningún pollo se hace amigo del zorro por más que lo deje andar cerca- han querido sacar la cabeza del pozo, han recurrido al fraude electoral, a los golpes de estado militares, al genocidio y a los golpes de estado financieros. Ese otro país depauperado y harto de tanto latrocinio, se ha levantado y veremos donde para si es que para. Argentina no es un caso aislado, es el hilo que queda suelto del tejido que si tirás de él se devana todo el poncho y eso es lo que le está pasando a la cacareada globalización que, para ser más exactos, no es más que el viejo imperialismo capitalista. Pero todo esto no me influye en lo más mínimo para ir o no, en algún momento hay que plantar cara y siempre hay una encrucijada que es justamente cuando la contradicción se resuelve. Veremos.
p)- ¿Los jóvenes lo entienden o están en la inopia como se suele decir?
R)- Los jóvenes siempre han entendido en su gran mayoría. Los que ya no entienden muchas cosas son algunos viejos y desgraciadamente el mundo está más en sus manos que en la de los jóvenes. En la Argentina había una costumbre de respetar mucho a los viejos, algo que es bueno, pero se llegaba al extremo de que si un viejo decía alguna pelotudez, se la consideraba palabra santa y si uno quería protestar, te caía el: “callate por que sos muy joven”. Era delito ser joven y hoy en cierta forma lo es también. Ser joven es sinónimo de droga, de botellón, de rebeldía, de delincuencia, etc. Ser mayor, sentar la cabeza es algo muy correcto, aunque esté manejando un cartel narco o esté chupándole la sangre a la gente desde un correcto sillón en una impecable oficina, de un hermoso banco. A mí me entienden los que me conocen y me respetan por que saben que no les miento y aunque de muchos de ellos la sociedad haga “correctos hijos de puta” otros se quedan con la copla, por que los muchachos serán distraídos, revoltoso, divertidos y hasta si se quiere, violentos, pero de tontos nada.
P)- ¿quiere decir algo más?
R)- Por decir hay tantas cosas, pero hay más para oír. Gracias.
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